En muchos de los proyectos de nueva construcción, o cuando nos enfrentamos a la reforma de nuestra casa, se plantea una pregunta ante la que suele haber división de opiniones: ¿debemos integrar el baño al dormitorio o es preferible un acceso externo, separando los espacios?

La respuesta dependerá de las necesidades y las rutinas de quienes vayan a habitar en dicha vivienda. Por eso, antes de dar una respuesta rápida, hay que tener en cuenta una serie de condicionantes que inclinan la balanza en determinadas circunstancias hacia el “sí”, mientras que otros escenarios hacen que nos decantemos por el “no”. Estas son las dos situaciones posibles:

“Baño anexo? Sí”. Una de las razones principales para integrar el baño en el dormitorio es que si nuestras rutinas, y también las de nuestra pareja, siguen siempre un orden similar que incluye acudir al baño antes de ir a la cama para seguir el ritual de limpieza de rostro, cepillado de dientes y demás costumbres de aseo presueño, parece lógico que tengamos un cuarto de baño completo en el propio dormitorio. O, al menos, el lavabo y el tocador integrado en nuestra habitación, con el inodoro separado, lo que llamamos un cuarto de baño a la francesa. Para quienes tienen la costumbre de ducharse antes de acostarse se trataría de un baño completo. La ventaja, además de la comodidad de tenerlo todo a mano, es que podremos ganar espacio. Y si se trata de cuartos de baños “abiertos”, que dejan el espacio superior libre, aprovecharemos además la luz natural de la habitación proyectando esta al baño. También puede ocurrir al contrario, es decir, que sea el baño el que permita proyectar la luz, en caso de que sea este espacio el que recibe la luz natural.

      

“Baño anexo? No”. Si nuestros horarios tienen poco que ver con los de nuestra pareja, o nuestras rutinas tienen lugar a diferentes horas del día, el baño integrado no es una buena opción. A nadie le gusta perder horas de sueño, y es lo que puede ocurrir si tenemos un baño integrado en el dormitorio en caso de que uno de los dos miembros de la pareja tenga la costumbre de ducharse a primera hora de la mañana cuando el otro dispone aún de al menos una hora más para disfrutar de la cama, o cuando se da la situación contraria -uno de los dos prefiere la ducha nocturna, justo a la hora en que el otro ya se ha acostado-. Por eso, cuando hay incompatibilidad de horarios o rutinas, es preferible que el baño sea una estancia separada del dormitorio, donde no podamos molestar a nadie. Otra circunstancia que puede hacer que nos decantemos por el cuarto de baño separado es que uno de los dos miembros de la pareja tenga el sueño ligero. No perturbar el descanso de esa persona es un motivo más que suficiente para que el baño sea una estancia independiente. Por último, a todos nos gusta tener nuestro espacio, y hay quienes prefieren tener más intimidad que la que proporciona un baño integrado. No hay por qué sacrificarla si disponemos de espacio de sobra para disponer de un baño independiente en caso de que no nos termine de convencer la idea del baño integrado.

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